Normalmente no hago esta clase de cosas

July 24, 2006

DILETANTES

Filed under: Uncategorized

No me crean, pero tengo entendido que han amenazado muchas veces con vender la casa y escapar cada quien por su lado hasta sus respectivos hogares paternos: es un buen chiste la primera vez, Josefo y Gloria se separarían finalmente y retornarían por donde vinieron pero, ¿qué sería de sus pobres hijos?, han vivido demasiado tiempo en la caldera de la desesperación y eso puede minar la ecuanimidad de cualquiera. Josefo se aferra a ese diploma que la Alcaldía les otorgó bajo el título de “Familia del Año” en 1992, cuando los peques estaban muy peques y la autoridad paterna aún podía ejecutarse por medio del racionamiento de dulces y de las amenazas de todos los monstruos de la noche. Una pena. El documento amarillento languidece sobre una repisita que preside la sala de estar y Gloria ha descubierto que las frases viejas habitando en lugares comunes hacen más llevaderos los sistemas de pensamiento que les permiten comprender su mundo sin tener que generar muchas horribles ideas y Luisito se niega a comer la comida de todos los días; y es que en la Asociación de Vecinas creemos que ese fue el germen de todos los absurdos que hemos tenido que soportar con la tentación de sacar palomitas con doble mantequilla y anteojos de tercera dimensión.

-¡Nunca comes lo que hay!, ¡no tienes conciencia porque no quieres comer la comida con la que nosotros nos llenamos!, es así de sencillo, tu hermana sabe que lo poco o mucho que podamos poner sobre la mesa es lo que hay y se conforma… sí, Johanna sí entiende, todo lo entiende, pero tú, ¡pero tú!… – Dicen que Gloria dice, especialmente a decir de Paquita, su vecina de dos casas atrás, cuando Luisito vuelve a ponerse melindroso.

-Nuestros valores máximos, ¿sabes?, son la integración familiar por medio de un mensaje decidido de sinergia coyuntural y una estructuración tradicional basada en la inmanencia de leyes eternas que se cristalicen en los lazos estrechos de la convivencia fraternal, ¿sabes?, pues cada hogar se levanta ahora, adusto e imperturbable, como fiel centinela de nuestra Patria- O esto es lo que Laurita, mi vecina de aquí al lado dice que es lo que exclama Josefo durante sus alocuciones al inicio de la merienda, cuando todos toman pan de barra con mermelada ordeñada de pequeños y económicos sobrecitos plásticos y Luisito se encierra en su habitación a dormir el hambre.

Hace pocos días, por lo que me ha explicado Julia en su calidad de confidente y comadre de Gloria y dueña de una florería en su casa de la cuadra colindante, Luisito se opuso a comer tacos de frijol y caldo de queso y se alimentó tarde y noche con semillas de girasol que ha venido guardando dentro de la funda de una almohada. Al parecer su paladar rechaza la particular textura de la grasa que el resto de la familia consume de buena gana porque simplemente eso es lo que hay para comer ese día y es en esas infaustas ocasiones cuando prefiere recostarse en su cama a cavilar los retortijones antojadizos que se debaten en el hoyo negro de su estómago.

-Ay, Julita, no sabes qué mortificaciones paso con ese niño. Ya si no me gasto algo del poco dinero de la liquidación de Josefo en comprar los ingredientes de una receta o de plano mejor se lo doy para comprarse una hamburguesa nomás no come, ¿qué voy a hacer?

-Pues es que ahora está en la edad de la punzada, comadrita.

-No, no es eso, lo que pasa es que ya no nos hace caso, no le importamos, y le parece mejor andar sintiéndose mal, mareado y con dolor de cabeza que sentarse a la mesa con nosotros y conformarse sabiendo que así es como ocurre en los tiempos malos y que por eso no debe quejarse.

-Claro, si tienes toda la razón, y a todo esto, ¿qué dice tu marido?

-¿Sabes, Julia?, los tiempos de duras pruebas han forjado nuestros corazones de dúctil hierro primoroso en el rojo ardoroso de la carestía que amenaza estulta con consumir nuestra voluntad transformadora que se nutre de la fértil tierra en que hemos asentado la raíz de nuestras convicciones, pero es nuestro compromiso no abdicar ante las prevaricaciones de los perennes adversarios de nuestra unidad familiar.- Ha dicho la comadre que, palabras más, palabras menos, dijo Josefo al desplazarse desde la cocina hasta la habitación del televisor mientras chupaba la mitad de un limón. Me he quedado fría cuando me ha confiado también que Josefo llevaba tan sólo una trusa percudida sin mostrar el menor pudor. Por cierto, según dice, la tenía muy sucia, con una manchita roja y otra amarilla, grande, al frente.

-Pues ya lo ves, al menos él no me da mayores problemas, aunque tampoco come mucho y lo mejor es que en tanto pueda tirarse frente a la tele ni siquiera se te percatas de que vive aquí- Habría dicho Gloria entre sorbo y sorbo de su tacita de café descafeinado Comercial Mexicana Marca Propia.

-Y tú, ¿a qué te estás dedicando en lo que pasa esta racha?, porque no te puedes quedar sólo observando, mujer, ¿a que no?

-Sí, desde luego, por ahora no puedo hacer nada más que participar los martes y los viernes en todas las fiestas Tupperware que se celebran en este distrito, y es que de cualquier forma no puedo descuidar el frente aquí, ¿me explico?

-Seguro, con estos dos jovencitos que están creciendo tienes que permanecer cerca para atenderlos pero, aún así, Josefo puede cuidarlos cuando tú sales, ¿no?

-Pues Johanna y Luisito lo atienden bien y le limpian su rincón, le compran sus dulces de coco y sus bolsas de papitas enchilosas. Son buenos niños, Julia, por eso te digo que justo cuando más necesito de su ayuda, Luisito me sale con este problema, ¡ay!-Gloria se agachó, reposó la frente entre sus manos y empezó a llorar.

Luego de despedirse, Julia vino brincando a mi casa y tomamos mi libreta telefónica para convocar a Asociación a un convivio de emergencia en cuya minuta se trató exclusivamente de la necesidad de observar con redoblado detenimiento el aspecto del menor de la familia cuando todas las tardes se dirigía al Micromarket para comprar lo que parecía ser un paquete de tortillas Milpa Real y una lata de chile El Pato. Nos habíamos propuesto leer en su frente ceñuda y en su nariz respingada los signos de la malnutrición para así dar gracias, todas juntas, por los bombones de chocolate rellenos de Licor 43 y las tartaletas de hojaldre con jalea de piña cuando de pronto el mal carácter de Gloria se hizo presente con determinación sulfurosa.

Sucedió dos días después de que Juanita, la vecina de la casa detrás de la mía que tenía un hijo alistado en los Marines y que desapareció ya no recuerdo dónde, viniera a decirme que Gloria había sufrido una crisis nerviosa y ahora Anita, la dueña de Fóscolo, el rottweiler que el verano pasado despedazó a una bebita frente a su casa de la esquina que da al boulevard, estaba con ella aplicándole compresas de agua fría en el rostro y poniendo a hervir bolsitas de té de manzanilla en la tetera pintada con cisnes de sombrero azul, con la intención de despejarle la mente y aclararle el pecho convulsionado por el pánico que sintió al abrir el guardarropa de Luisito y darse de frente con una montaña pétrea de platillos intactos que había preparado cada tarde de los pasados veinte días: sopes con calabacitas, entomatadas con lentejas, enfrijoladas, enchiladas, huevos rancheros, chiles rellenos de queso y frijoles y hasta un plato con las torrejas enmieladas que Gloria recalentó para el desayuno de la mañana precisa en que Josefo fue despedido de la delegación de la Secretaría de Verificación Nacional del Discurso Estatal (SEVENDE). Según me enteré, Gloria perdió la compostura y le asestó a Luisito un puñetazo en la nariz que lo hizo rodar hasta golpearse la cabeza contra la pared de su cuarto ante la mirada vacía de Josefo que acababa de entrar procedente del baño, donde practicaba sus gárgaras rituales con vinagre y sal.

-Los reclamos de nuestros conciudadanos oprimidos por la ignominia de las afrentas históricas deben ser atendidos por todas las instancias consagradas a la vigilancia de las conquistas de la sociedad entera y, ¿sabes?, la vigencia del contrato familiar consumado ante la vocación legal de nuestras instituciones ha de garantizarse por un diálogo efectivo entre todas las partes involucradas por un común interés superior, sabes a lo que me refiero, ¿verdad?

A lo que Gloria al parecer le ha gritado:

-¿Hasta cuando, Josefín, vas a aterrizar y a hacerte cargo de tu familia?, ¿ves a este niño que no parece nuestro hijo?, ¿lo ves?, tienes que conseguir un trabajo con el que le puedas pagar un nutriólogo que le quite todas las mañas feas que ha adquirido, antes de que se convierta en uno de esos gorditos hamburgueseros de los que tanto nos hemos reído, ¡¿hasta cuando?!

-Hasta que el infierno se congele- Habrá dicho Josefo sacando la lengua exageradamente al hablar para después retirarse a su rincón, o al menos así fue en el relato de Anita que, no sé por qué, no encuentro muy fiable.

Entonces, por lo que tengo apuntado en mis notas, Luisito se encerró en su dormitorio y durante los días siguientes se habría estado alimentando con semillitas, papitas, una naranja y una botella de agua Sparkletts que racionó con marcas de un plumón rojo.

Johanna ha venido un par de veces a preguntarme por alguna fecha apropiada para una fiesta Tupperware en la que nuestra Asociación se pueda reunir, pero yo le he dicho que por favor le diga a Gloria que por el momento nuestras agendas están muy saturadas, y es que nosotras sí que tenemos familias que cuentan con un equilibrio muy regular que difícilmente se puede alterar con actividades no planeadas.

-¿Cómo está tu hermanito?

-Bien, pero dice que no cree que el chile y el limón sean suficientes para condimentar las bazofias que prepara mamá.

-A la comida, linda, claro, no uses esas palabras tan fuertes para una jovencita tan adorable como tú.

-En realidad son las palabras de él, señora.- Johanna levanta una ceja al hablar, y luego la otra, como en un tic que nunca antes le había detectado.

-Está bien, por cierto, puedes decirme tía, amor.
-Sí, bueno, ahora dice que si sigue sintiendo mucha presión va a cazar una o dos palomas y las va a preparar en el horno cuando mi mamá no esté en casa.

-¿Cómo es eso?, ¿palomas?, Dios santísimo…- De pronto he percibido un regusto ácido en la garganta y me he sentido un poco fastidiada recordando que se ha tratado del inicio de una agrura provocada por el chocolate con leche que tomé con una dona glaseada.

-Así es, dice que ahora es como un gatito salvaje gracias a que lo han orillado a eso. Mamá ya no le da dinero porque se lo gastaría en comida chatarra pero aún así no está dispuesto a comer lo que hay en la casa.

-Ejem… un gatito, ¿no?, un gatito cazador, hum, bueno, hija, todas las chicas de la cuadra estamos convencidas de que las cosas se tienen que arreglar en tu familia, así tiene que ser, verás que muy pronto tu papi va a encontrar un muy buen trabajo y todo volverá a ser como antes, ¿verdad que sí?

-Tal vez, señora, en fin, ya me voy porque mi mamá me espera para decirle lo de la fiesta Tupperware.

-Ustedes cuatro están en mis oraciones, lindura.

Por supuesto, yo no me pude creer la sonrisita hipocritona de Johanna porque es una niña taimada y altanera, ya lo creo, tú no te puedes confiar en un ojo verde y otro marrón, de verdad que no, y esa manera de mirarte, de escrutar los tejidos de mi delantal que no está tan viejo todavía… ay, no, hay gente que no tiene cabida en ciertos lugares pero me siento sinceramente preocupada por esa familia y cuando digo que pienso mucho en ellos hablo en serio.

Pollyanna, mi amiga que vive junto a la casa de ellos, me ha confirmado un hecho que yo ya sospechaba: que en realidad Luisito, qué horror y que Dios nos tenga de Su santa mano, ya tenía tiempo, por lo menos dos semanas, lanzándose certero y veloz sobre las inocentes palomitas que recalaban en el pequeño jardín de su casa, barbaridad que se vuelve incontestable a la luz del testimonio de Polly que dice que esto siempre ocurría, obvio, cuando Gloria salía y Luisito, a juzgar por lo que pudo espiar agazapada por sus cortinas, se escondía bajo llave en su cuarto a desplumar a esas pobres criaturas ayudado por un cuchillito y una espátula pastelera y que luego depositaba el mísero plumón en una bolsa negra de basura y que preparaba a las palomas con rellenos de amaranto, pepitas de girasol o cacahuates garapiñados.

-Esto es indignante, hijita, ahora no sé si me siento triste o enojada.

-No sé por qué tendría que estarlo, señora- Johanna me ha confirmado la historia más fácilmente de lo que creí, a veces pienso que más bien la aburro, a la muy boba.

-Es que… hija, por favor, piensa un poquito en lo que está pasando, eso no es normal.

-Creo que no mucho, pero como ustedes mismas dicen: son etapas.

-Pues espero que Luisito recapacite y empiece a valorar la buena comida decente que su madre pone con grandes sacrificios sobre la mesa, y estoy empezando a pensar en que lo que hace tu hermano es una especie de crimen.

-No se por qué tendría que serlo, si igualmente nos comemos a los pollos y a las vacas, y creo que yo me conformo con que no se le ocurra convidarme.- Johanna entorna los ojos con una expresión que puedo ubicar entre la decepción y el asco, lo veo claramente, sí.

-Pero es que no es lo mismo, nena, las palomas no están ahí para que nos las comamos, hay una cosa y un ser para cada fin determinado, por eso es que se habla de un equilibrio universal, ¿no crees?

-Creo que también las marina…

-¿Cómo?

-Las coloca, ya rellenitas, en un refractario, y las baña en salsa inglesa y las deja así toda la noche, por lo que he alcanzado a ver.

-¿Y acaso no le tiene miedo a las infecciones que las palomas traen consigo?- Al decir esto he experimentado un leve vahído.

-¿De qué está hablando?

-Las palomas son portadoras de muchas enfermedades, Johanna, por Dios, ¿qué no has oído que las llaman “ratas del aire”?

-Hmm, creo que nunca lo había pensado.

-Johanna, por favor, ¿en qué va a acabar todo esto?

-No lo sé, señora, pero hoy me fijé en que se nos acabaron las latas de verduras mixtas, y a mi mamá no le está yendo muy bien con la venta de esos plásticos…

-Qué lástima, Johannita, ¿crees que Luisito haya usado esas verduras para preparar su… uff… comida?

-La gente se queja de que esos productos son caros.

-Amorcito, no te debes preocupar, Dios proveerá y tú también tienes que poner de tu parte durante este trance tan duro, tu padre te necesita, no lo olvides.

-Sí, hago lo que puedo y me gustaría hacer más, pero ya le he dicho a mi mamá que no puedo salir a exponerme al sol porque me salen ronchitas por toda la piel.

-Entiendo, hija, además está ahora en una etapa de grandes decisiones.- Empecé a explicarle, y déjenme decirles que cualquier oveja descarriada siempre estará a tiempo de redimirse, sin importar lo odiosa o inútil que sea.

-Sí, y al menos ahora ya he tomado una.

-Excelente, Johannita, recuerda que también debes pensar en tu hermanito, tomarlo en cuenta siempre, ¿eh?

-Sí, precisamente… señora, debo irme, la veo luego, ¿seguro que no quiere recibir a mi mamá para una fiesta Tupperware?

-Ya veremos, cariño, ya veremos.

-Bueno, hasta luego, entonces.

No lo había notado, pero Josefo nos veía desde la acera presumiéndonos, el muy patán, su camiseta blanca percudida por el sudor y en la que enormes manchas de sudor oscurecían sus tirantes anegados por el tieso vello negro de sus axilas. Fue en ese momento que pensé en que esa familia sería un espantajo digno de recordarse, por lo menos.

-Vamos, papá, adentro, te tengo buenas noticias: parece que hoy vamos a cenar carne, ¿te gustan los taquitos de pollo, verdad?- Creo que alcancé a escuchar que le dijo Johanna mientras le tomaba la mano para encaminarlo hacia la puerta de su casa.

-No les prometo más que lágrimas, sudor y sangre, pero juntos, unidos, acabaremos con el enemigo que se ha propuesto destruirnos.- Josefo hinchó el pecho, se irguió fastuoso sobre el menudo cuerpo de su hija y entró a la casa con paso elegante justo cuando el sol de la tarde empezaba a caer con mayor violencia sobre los cristales de las ventanas, antes de esconderse en el horizonte.

2 Comments »

The URI to TrackBack this entry is: http://bogarin.blogsome.com/2006/07/24/diletantes/trackback/

  1. Yeah! ¡Por fin lo publicaste! De los que he leído tuyos, este es mi cuento favorito.

    Atte.
    BadBit

    Comment by BadBit — July 24, 2006 @ 1:08 am

  2. Naaa… Yo opino que el señor Bogarín tiene mejores cuentos, bueno, éste me gustó pero hay otros que son más a mi gusto.

    En fin, cada quién sus gustos. Igual es muy bueno. Sigue así Mario.

    A ver cuándo hay sesión Britneyk again…

    Comment by El jackesito — July 24, 2006 @ 9:32 am

RSS feed for comments on this post.

Leave a comment

Line and paragraph breaks automatic, e-mail address never displayed, HTML allowed: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong>