SOBRE LA TEORIA SOCIAL HOY

Ambos autores se interesan en aclarar de entrada que la teoría social no pertenece a una sola corriente o tendencia en la producción de estudios y anotan que a partir de la Segunda Guerra Mundial hubo perspectivas lógico-filosóficas que se volvieron dominantes a causa del interés por definir lo más claramente posible aquello que podía denominarse científico insistiendo en la verificabilidad de los conceptos y proposiciones en camino de la construcción de teorías de corte hipotético-deductivo.
Puede decirse que hay una cercanía evidente entre métodos de análisis social y tradiciones de la filosofía del conocimiento que muestran que el Erklären (explicación en función de leyes causales) y el Verstehen (comprensión del significado) se hallan cercanos en la medida en que se observa que este último forma parte constitutiva de todas las cuestiones relativas a la interpretación del significado y esta implicado en todas ellas.
Los autores advierten que los capítulos que integran al libro se dedican a trabajar la cuestión de la naturaleza de la ciencia social, si es que esta es una ciencia, y se menciona en esta búsqueda a los instrumentos propuestos por Turner, Homans y Munich desde el positivismo lógico que predicaría la necesidad de leyes de subsunción y sistemas axiológicos deductivos, en tanto que el oscilamiento a que obliga la variedad de enfoque del libro lleva a repasar al interaccionismo simbólico con Hans Joas, quien señala la naturaleza pragmática, situacional y construida de la acción, que haría imposibles la existencia de leyes y generalizaciones atemporales.
Además, John Garfinkel se niega a evitar a la “ciencia” en la ciencia social bajo un supuesto similar, siguiendo con Thomas Wilson, Ira Cohen, Jeffrey Alexander y Anthony Giddens, quienes, según se aprecia, mantienen que la ciencia social es fundamentalmente diferente de la ciencia natural, rechazando toda posibilidad de descubrir leyes de la vida social.
En la variedad de opiniones, atendiendo a Giddens y a Turner, los compiladores, existe un claro rechazo crítico al “positivsmo lógico” y un panorama de su generalización frente a casi todas las pretensiones de explicación causal de los fenómenos sociales, y un caso ilustrativo puede ser el capítulo de Cohen que extrae todas las implicaciones de la teoría de la agencia en Giddens y menciona la posibilidad de destacar las potencialidades constitutivas de la vida social, posición compartida en parte por Immanuel Wallerstein y Ralph Miliband, quienes no consideran que sea necesario discutir si la teoría social ha de tener un carácter universalista o particularista.
Existe también la controversia sobre las preocupaciones primordiales de la teoría social y en la liza se hallan la recuperación del microanálisis, la interacción en contextos situados, la revalorización del macroanálisis, el deduccionismo que defiende Homans, la invocación a los clásicos que pide Alexander o la etnometodología de Heritage.
En lo referente a las preocupaciones sobre el desarrollo ulterior de la teoría social, Anthony Gidens y Johnathan Turner afirman que los caminos para hacerla progresar se siguen desde el compromiso con un particular objeto de estudio y una filosofía concreta de la ciencia social y afirman que teorías distintas pueden defender implícitamente una estrategia de elaboración teórica similar.
Como conclusión, los autores-compiladores de esta obra repiten acertadamente que la teoría social es una empresa sumamente variada en la que existen desacuerdos acercas de algunas de sus cuestiones más básicas: el tipo de ciencia social posible, su objeto y sus métodos, agregándose que dicha teoría se encuentra en un estado de fermentación intelectual que se intenta mostrar en los distintos textos presentados en el libro.