PORNOGRAFIA Y ACTITUDES POSMODERNAS
El hiperespacio como receptáculo y perfeccionador de la realidad objetual nos ofrece sus diversas facetas y utilidades usando capacidad para hacernos transitar desde la experiencia interpersonal hasta la simulación de nuestro capital simbólico bajo configuraciones personales que nos permiten jugar con reglas propias en un espacio controlado en el que establecemos las rutinas por las que nos relacionamos con otras personas mediando el monitor de la computadora a través de decenas y cientos de servidores interconectados para satisfacer una necesidad primordial que subyace a todas nuestras actividades como internautas: la comunicación…
Hay casos desconcertantes de personas que no han encontrado dicha satisfacción por medios convencionales y han preferido, porque el desarrollo de la red lo ha permitido, refugiarse en la experiencia vicarial, sustitutiva, que le ofrecen las salas de chat, la íntima efectividad del correo electrónico y, por supuesto, también la pornografía, parcela polémica como pocas y que en lo referente a su uso la batería mediática ha apuntado hacia los jóvenes como los usuarios icónicos de Internet enfocándose al consumo industrial de tales productos que permean la Red. Este consumo industrializado de pornografía en red ha sido denunciado como la insensibilización de los públicos hacia la dignidad del cuerpo humano y los ordenamientos morales que deben sustentar a una sociedad equilibrada y saludable, pero ante un fenómeno que por la fuerza de sus soportes y ubicación como motor de relaciones humanas y comerciales a nivel global no presenta visos de disminuir controlado por instancia alguna, considero vital preguntarnos: ¿cuál debe ser nuestra actitud para abordar el gran tema mundial de la pornografía en la web?
Conviene anotar la necesidad de un enfoque científico que prime la iniciativa del sujeto sobre toda parcialidad ideológica: la evasión de una realidad real, en la categoría del filósofo esloveno Slavoj Zizek, para alimentar y recomponer el imaginario personal que incide en la representación en sociedad, en este caso del joven, que puede afirmar su identidad como agente social practicando un deporte, cantando en una banda o abriendo una página web; desde una perspectiva pragmática, encontraremos que la inevitabilidad de los actos del joven consumidor que espoleado por la industria hace uso de determinados productos radica en que los hábitos y gustos exigen un equilibrio justo en la negociación con la realidad en vez de una censura a priori que desconozca los motivos y aspiraciones del usuario.
En su relación con sus contenidos, el consumidor promedio en Internet implica la contención de sus deseos, como sugiere Todd Kendall en Pornography, rape and the Internet (Clemson University), planteando la necesidad de un criterio que balancee, disminuyéndolo naturalmente, el consumo del porno con la vida real, un llamado a la mesura y el regreso paulatino al mundo real donde no sólo se haga un simulacro de la cultura sino una vivencia de los potenciales personales en provecho propio.
Bueno, no es mala recomendación. Para mí, la pornografía como tal, no es de mi agrado. Tampoco sustituiría jamás una relación sexual real por una “imaginaria”. No hay color en la comparación. Sin embargo, ésta es una sociedad competitva y excluyente, que no duda ni un segundo en dejar fuera de sus circuitos a la gente menos agraciada físicamente o carente de un temperamento extrovertido y predispuesto a la sociabilidad. Personalmente, no consumo pornografía. Pero entiendo que se haga, por los motivos expuestos, tanto como por simple gusto personal.
Saludos. Un magnífico post.
Comment by H — April 18, 2008 @ 6:02 pm