Normalmente no hago esta clase de cosas

November 1, 2008

¡TRIQUI-TRIQUI, DIA DE MUERTOS!

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Estoy cansado de la crítica a Halloween. Pero no es el cansancio de quien se descorazona porque una de sus empresas redentoras empieza a desgajarse ante el peso de la primera oposición real. Con más exactitud, mis opiniones han de venirme de los malabares discursivos con los que cada año debo sustentar, ante quienes padecen la desgracia de preguntarme, la dimensión lúdica de una narrativa escabrosa, la del Festival de la Muerte de los celtas y la celebración de un ánima repulsiva por su composición grotesca: la de Jack-o-lantern.

Mención aparte merece la deleznable (ya que los críticos del Halloween quieren inspirarnos con un vocabulario de ese tipo, adelante…) costumbre pagana de los holocaustos de sangre humana al dios Huitzilopochtli que nuestros salvajes ancestros aztecas practicaban para aplacar su ira. Podemos entender que la ofrenda de muertos, inscrita en la tradición autóctona del ritual, puede ser perfectamente sincretizada con el ritual celta; paganismo por aquí y paganismo por allá, finalmente, desbordando las fronteras nacionales.

Una encantadora jovencita se ha paseado por los pasillos de Televisa esta mañana, durante la transmisión del programa “Hoy”, pidiendo “Triqui-triqui, ¡día de muertos!, Triqui-triqui, ¡día de muertos!” a los artistas, algunas veces enfrentándose a patrioteros, huecos ceños fruncidos que obligan a considerar las bondades de la llegada de esa quimera (muy real y muy robusta, por lo demás) llamada Posmodernidad. Esta nos permite, a la menor provocación, recambiar todos los significantes de cada festividad, como de la cultura nacional entera, para justificar la diversión de cualquier evento social, de un bonito disfraz que nos ha salido carísimo o la diversión de los pequeños en la noche del 31 de octubre, conservando además el sentido de las tradiciones originales, al menos en nombre de una dialéctica que nos permita lanzar denuncias chauvinistas pedorras ya sea contra la intervención cultural gringa (que nos invita a mirar los anuncios a nuestro alrededor y la imposibilidad de nuestra vida prescindiendo del agringamiento-aggiornamiento) o contra la costumbre “satánica” en que se soporta el Halloween (que nos obligaría a practicar sendos exorcismos a las calabazas y a los discos de Dreamtheater o Lynyrd Skynyrd y a los paquetes de condones). Los extremos son altamente socorridos por la ideología de cualquier signo, beata o nacionalista o ambas sincretizadas, porque son divertidos, porque nos permiten, como diría Peter Sloterdijk, unificarnos/simplificarnos en la Masa y su poder destructivo.

Con el naranja del otoño y el negro del manto de la Muerte, la estética del Halloween se debería a la potencia la lucecita proyectada desde la panza de una calabaza simpática para conjurar los desmanes agendados para el último de octubre, noche de horror para el pueblo celta, cuando, cuenta la leyenda, podían ser atacados por fantasmas, brujas o hasta por los sacerdotes druidas, prestos a los sacrificios humanos, conduciendo a hombres, mujeres, niños y ancianos a la muerte dentro de grandes cajones hechos de madera y paja, a los que les prendían fuego.

¿Qué tanto tiene que ver esto con nosotros, hijos de Freud, Heidegger, Nietzsche y Chespirito? En la Posmodernidad, o Segundo Medievo, o Tiempos Líquidos, nuestra preocupación central relacionada con estas narrativas debería tender, en forma prioritaria a la conservación de dichas tradiciones desde un enfoque etnológico que nos permita descubrir los rudimentos literarios en los que se asienta nuestra imaginación. En vez de eso, reenviamos forwards alertando por el trasfondo maligno de estas festividades, filones de la tradición oral de la historia humana. La maldad, lo demoniaco, nos acechan, al menos con una fuerza superior, desde una dimensión eminentemente matérica, evidente gracias a tan sólo una sesión noticiosa con López-Dóriga: ¿qué tanto les quedaría por hacer, si no el ridículo, a las brujas, las momias, Drácula, El Sacamantecas, El Viejo del Costal, El Coco, La Mano Pachona, los hombres lobo, Frankenstein los zombies y El Chupacabras en el aquelarre denso y colorido protagonizado a diario, todo el año, por Elba Esther, Ebrard, Carlos Salinas, Jorge Hank, Felipe Calderón, AMLO, los Beltrán Leyva, los Zambada, el CAF, Martita y Chente, Carstens y Manlio Fabio? Lo Real-Real, Zizek me asista, erosiona a lo Real-Imaginario porque le impide simbolizar por medio de abstracciones, de enunciaciones literarias, de cuentos. La dureza de nuestra realidad amenaza con despojarnos de la dulzura de la fantasía. Tal vez un disfraz horrendamente bonito y una calabacita de plástico rebosando de sabrosos dulces sean una solución muy temporal.

El chauvinismo, si ese es el pretexto de una de las animosidades contra el Halloween, da lugar a pensar en él como una paradoja que nos ayude a comprender cómo, dentro de cincuenta años o menos, estaremos quejándonos por la importación de alguna fiesta china para celebrar el 16 de septiembre o algo parecido. Consideremos al mundo entero como patrimonio de los metarrelatos promovidos por la economía dominante del momento y disfrutemos de los caramelos al cobijo del fulgor del especial de Noche de Brujas de Los Simpson.

He leído en un foro católico que expone su oposición al Halloween algo que me encantó y cito textualmente: “A Dios le gusta lo bueno y lo bello, y quiere que seamos felices; en cambio, a Satanás le gusta lo malo, lo feo, y quiere que vivamos con miedo, con pesadillas, con odio, y que no seamos felices”.

Hoy estamos viviendo con miedo, como lo deslizo en el párrafo dedicado a nuestros monstruos de hoy, una situación que exige una defensa basada en el ataque desde nuestro deseo de divertirnos, de disfrutar del ocio aún en las sociedades de riesgo como las nuestras, de comer mucho azúcar o fritanguitas ricas y hasta de horrorizarnos gozosamente con una buena película o un vestuario grotesco en compañía de quienes queremos. La propia estética cute de muchos de los motivos de la Noche de Brujas patrocinados por las industrias culturales nos recuerdan esta posibilidad. No hay ganas de asustar en estas caritas felices, en estos fantasmas y demonios que, para nuestra fortuna, son muy del más acá; tan sólo un gusto bondadoso por aligerarnos la carga.

P.D.- Disfruten esta noche pero, ¡por favor!, cuiden y ponganle mucha atención a sus pequeñines. Hay mucha gente realmente mala allá afuera. Llévenlos a pedir triqui-triqui a casas de sus conocidos y cómprenles cositas ricas en las tiendas. Disfrúten sus dulces y sus películas en la tranquilidad de casa y apapáchenlos mucho.

1 Comment »

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  1. Me ha gustado mucho este texto. De ser el que has presentado a estas mismas horas en la SAGARPA, no puedo decir más que “cojonudo”. Una buena prosística nada prosaica con tonos ensayísticos bajo la dulce argumentación adecuada de un día de Brujas. Un abrazote, mi amigo… Tal parece que sólo aquí puedo verte…

    Comment by El-muchacho-de-los-ojos-tristes — November 1, 2008 @ 4:04 am

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