MI PEQUEÑO DEPOSITO DE FETICHES TOKYOTAS - Especial V
En su libro “The modern Madame Butterfly”, la investigadora Karen Ma intenta explicar la fascinación occidental por las mujeres asiáticas desde una perspectiva de género que sin embargo es imposible ampliar culturológicamente sin la constante del colonialismo antropológico, aquel que explicaba, allá por el siglo XIX, a la pluralidad racial desde las narraciones bíblicas. En otras palabras, la base de dicha fascinación radicaría en la condición de las japonesas como criaturitas exóticas (alguna vez intenté ilustrar esto citando algunas partes de la canción “Lindas criaturitas”, de Aleks Syntek, cosechando una ovación de carcajadas…) que pueden interactuar con el mundo civilizado gracias a la corrección de su cultura delicada e hipersensible.
Otro caso que me revolotea con insistencia es el del Nobel británico Rudyard Kipling y el del escritor griego Lafcadio Hearn. El primero veía a Japón desde el cristal de su flema victoriana, sus percepciones no permitían la comprensión de aquella lejana sociedad fuera de las lógicas del racismo, de la curiosidad cariñosa con la que el investigador del Museo de Historia Natural observara una placa llena de inconseguibles especies de mariposas. Hearn, por su parte, experimentó un arrobamiento espiritual ante la belleza de Cipango (más febril que la de Marco Polo, inclusive) que lo condujo al fenómeno del “going native”, como los antropólogos definen a la transformación progresiva, gustosa del observador en uno de sus sujetos de estudio. Llegado a Japón en 1895, poco después se casó con la hija de un ex-samurai arruinado, se cambió el nombre a Yakumo Koizumi y murió en 1902, quiero pensar que satisfecho con el cariz que había tomado la recta final de su vida, pero decepcionado de la “corrupción” sufrida por la cultura japonesa tradicional, con la expansión económica, su imperialismo embrionario y la literatura cada vez más cruda y empeñada en dirigirse, como lo haría hacia la década siguiente, al realismo proletario tan alejado de las viejas fantasías del Mundo Flotante y del Reino de la Flor y el Sauce de dos siglos atrás.
Dicho lo anterior, podemos verlo como el bagaje en el que se soportaría la misma fascinación por la sensibilidad femenina de Japón: una epifanía demasiado cercana a los complejos del occidental con respecto al detallismo de una cultura afincada en una permanente valoración a la belleza natural. Ha llovido ya bastante desde que, a finales de la década pasada, el mundo se hiciera eco de la mitología erótica de la colegiala japonesa cuyas peripecias sexuales, dichas sean en nombre del imaginario del Occidente colonialista aún de esta época, sólo resultarían comparables a las proezas de las geishas igualmente consagradas en la mente extranjera como el novamás de la sensualidad y la pureza (una mezcla por la que cualquier caballero podría favorecer la peor de las guarrerías sin inquietar a su conciencia): al final, es el mismo solaz machista que nos devuelve a los mejores años del creacionismo científico del poligenismo decimonónico. La figura de esta clase y nacionalidad de colegiala se debe lo mismo al kawaii, qué remedio, que a la visión dominadora sobre la otredad, así sea desde un país del tercer mundo ubicado debajo de EUA, potencia a la que Japón es el único país que no le debe un dolar.
Lo que sigue es un discurso imaginario desde la fascinación. Escrito por un miembro de las legiones de admiradores de Japón que han efectuado el proceso del “going native” desde su vida cotidiana en regiones apartadas, apartadísimas, del objeto de sus afectos, del terruño de sus ensoñaciones. Enol Lancho, colaborador de la tristemente difunta página Nipoweb, compartía en aquel espacio la visión de una de las epifanías que estructuraban sus deseos anclados, en última instancia, en el deseo principal de volver más habitable al mundo, de depurar una Realidad más potable. En esta ocacsión lo presento, vale agregar, con la segunda inquietud de establecer una pronta comunicación con el buen Enol, que anda desaparecido.
Ilusión japonesa
Por Enol Lancho Prieto
Ethan dormitaba en clase. Simulaba tomar apuntes en su cuaderno, en realidad lo único que hacía era escribir, aunque de una manera diferente a sus compañeros. Su libreta estaba llena de garabatos que, de toda la clase, seguramente de todo el instituto, sólo él entendía.
Hacía años su interés por los estudios se había perdido irremediablemente, yendo al fondo del baúl. -Vaya un baúl inmenso-, pensaba. La mayoría de sus proyectos habían ido a parar allí. Ni siquiera había terminado el instituto (y a ese paso todavía le quedaba tiempo por delante), y ya se veía un anciano, sintiendo sus huesos y alma cansados del viaje que no había emprendido. Claro que podía irle mucho peor. Tenía buenos amigos, la economía familiar iba bien y, aunque en el seno de su familia faltase una persona importante, los años y el resto de seres queridos habían hecho sombra a esa falta.
*
Llovía fuera. Al menos ya era última hora, veinte minutos más y se iría a casa. Para colmo era viernes, lo cual le daba una energía adicional, y se relamía pensando en el sopor que se apoderaría de él durante todo el fin de semana. Cuando apenas unos minutos de clase le separaban de sus dos días de descanso, su tutora intentó hacer callar a la clase para dar un anuncio que se preveía importante. Una nueva alumna se incorporaría a clase el lunes siguiente. Ethan no acogió esta noticia con mas efusión que el resto de las que le habían caído encima aquella mañana.*
El que sucedió después del instituto fue un buen fin de semana: lo empezó yendo a recoger un videojuego que llevaba meses esperando, jugó con él durante toda la noche y la tarde del sábado la pasó con un amigo. Cuando regresó a clase aquel lunes de octubre, en lo último que había pensado era en su nueva compañera.
Nada mas llegar a clase hizo lo de siempre. Lanzó su mochila por los aires y se dejó caer en su silla, aún dormido. Según pasaban los minutos, todos sus compañeros iban haciendo acto de aparición, se saludaban y sonreían. Pero Ethan sólo sonreía con la boca, no con los ojos, estaba demasiado deprimido para sentir una verdadera sonrisa de complicidad con alguna de aquellas personas. Y entones, apareció. Se sorprendió mucho al verla. Era bajita, más o menos de su misma edad. Delgada, y con la piel muy blanca. Era una chica menuda, alejada de los cánones de belleza femeninos que la sociedad incrusta en las mentes de sus pasivos consumidores. Sobre su espalda caía una larga melena lisa, muy lisa, y muy negra, tan negra como sus preciosos ojos. Como sus preciosos y rasgados ojos. Lo primero en lo que reparó Ethan fue algo que le quitó por completo la ilusión. Seguramente era china. No es que no le gustasen los chinos, ni mucho menos, era sólo que ya conocía gente de esa nacionalidad, quería conocer algún japonés, había algo en ellos que le llamaba la atención. No quería hacerse ilusiones, aunque por suerte, la presentación que hizo la profesora fue más favorable de lo que esperaba.
“Esta es Yumi, vuestra nueva compañera de clase. Es japonesa, así que espero que entre todos la ayudéis a sentirse como en casa”. A Ethan le dio un vuelco el corazón, era un seguidor incondicional de todo lo relacionado con la cultura nipona, tal vez Yumi podría proporcionarle ese trozo de vida que le faltaba. Ella, por su parte, intentó estrenar su vida social en España acercándose a Sandra, una joven que se sentaba al lado del pupitre en el que la profesora la había colocado, pero no recibió buena respuesta: a Sandra le faltó tiempo para darse media vuelta e ignorar a Yumi. Era su oportunidad, Ethan intentó algo. Las ganas de conocer gente de Yumi eran más que notorias, quizás porque quería sentirse un poco menos sola, alejada de sus amigos y familiares en un país tan sumamente diferente, para bien o para mal. No tardó en aceptar la invitación de Ethan, sí con un poco de vergüenza, pero con ilusión y alivio de tener a alguien que le enseñase como funcionaba esa ciudad, pues hacer amigos se había convertido casi en algo necesario para su supervivencia.
*
Con nervios por parte de los dos, pasó la semana entera a espera del sábado, mientras se conocían un poco mejor en clase. Resulta que a Yumi le gustaba el ikebana y cocinar. Era una chica muy simpática y con personalidad, pero Ethan aún sentía que se guardaba muchas cosas, que todavía no era ella misma.
Fuera brillaba el sol. El sábado ella estaba guapísima, con un vestido rosa largo y un sombrero que tapaba la raíz de su melena, que al son del viento jugaba con formas y brillos, llegando a resultar hipnotizadora.
Las cosas tomaron un rumbo que Ethan no esperaba cuando en medio de la película, ella lo besó por sorpresa. “¡Juas! Liado con una japonesa”, pensaba de camino a casa cuando el rojo fuego de un sol que se iba inundaba la ciudad. Había sido un día inmejorable, como lo fueron los sucesivos, Ethan enseñaba la ciudad a Yumi, y esta le daba su correspondiente porción de amor milagroso, tan milagroso, que incluso Ethan se centraba en sus estudios. Los meses pasaron, y el amor de Ethan por Yumi crecía. Sin embargo, ella se sentía cada vez más triste, aunque lo intentaba disimular, sobretodo cuando Ethan sorprendía alguna lágrima surcando su bello rostro.
*
Aquella navidad del 2004 cambió la vida de ambos. Las circunstancias que habían traído a Yumi y su familia hasta España se habían resuelto y se marcharían en unos días. La noticia partió en mil pedazos a Ethan, como cuando te miras en un espejo que alguien parte de un puñetazo y ves los trozos de tu imagen caer al fondo. Sin embargo, a ella no parecía dolerle tanto, y aunque en el fondo él lo comprendía, esto le hacía aun más daño.
Llovía fuera.
El día de la partida de Yumi los dos se juntaron por última vez en casa de Ethan. Ella ya llevaba consigo la mochila con las cosas de primera mano durante el viaje, como el Discman, una GameBoy Advance SP, y su móvil entre otros.
La partida no pudo haber sido más dolorosa. Entre sollozos de ambos sus manos se soltaron por última vez, y sus miradas se perdieron cuando la puerta del ascensor ocultó los enrojecidos ojos de Yumi. Todo había acabado, era la frase que rebotaba en la cabeza de Ethan mientras se desplomaba en el sofá.
Al día siguiente, Ethan ya había agregado a Yumi al Messenger, y esperaba que entre esa noche y el día siguiente Yumi se conectase ya desde su casa en Japón. Pasados dos días Yumi no se había conectado. Dando vueltas por su habitación, Ethan descubrió que una de las pertenencias de Yumi se había salido de la mochila y había quedado en el suelo, medio escondida bajo la colcha. Era su diario. Sin dudarlo ni un instante, espió los pensamientos de Yumi.
15-06-01
Hoy he conocido a un chico llamado Toya en el instituto muy majo. Creo que el cuervo de Tanaka-san me ha vuelto a suspender, a ver como se lo digo a papá y a mamá. Este sábado he quedado con Kanae para ir a Roppongi.
17-06-01
Seguro que a Kanae no le importará. He decidido ir con Toya, es un chico interesantísimo. Parece que mamá no se ha tomado tan mal lo del suspenso, pero papá…
18-06-02
Hoy hace un año de mi primera cita con Toya. Llevamos un año ya… Cómo ha pasado el tiempo, nos queremos muchísimo. ^^
18-06-03
Buff. 2 años ya con Toya. Nuestro amor cada día alcanza nuevas cotas. Lo único malo es que, como siempre estoy con él, me he quedado sin amigas. Pero no importa, Toya es cuanto necesito.
18-06-04
¡¡HOY CUMPLIMOS 3 AÑOS!! Jope, éramos unos críos de 13 cuando empezamos a salir, y ahora mira, he dejado de ser virgen. ¿Qué mejor regalo podíamos darnos mutuamente? ¡¡XD!!
05-09-04
Dios mío, no he parado de llorar en todo el día. A papá las cosas le van mal en el trabajo, ¡y va a empezar a trabajar en la fábrica del abuelo “Carlos” en España! ¡A saber dónde coño está eso! Mi querido Toya… ¡No voy a volverle a ver nunca! ¡Maldita sea! ¡¡¡¿¿¿ POR QUÉ TENEMOS QUE IRNOS???!!!
24-09-04
Odio el nuevo colegio, y encima una asquerosa ha pasado de mí. Al menos he empezado a hablar con Ethan, un tío que pretende ligar conmigo. Lamentable.
29-09-04
No sé por qué lo he hecho. He besado a Ethan en el cine, y ni siquiera me gusta. Bueno. Tal vez así olvide a Toya.
02-10-04
Ethan me quiere mucho, y es muy cariñoso. Pero cuando estoy con él pienso en Toya. ¿A quién pretendo engañar? Ethan es Ethan, no puedo convertirlo en Toya, pero necesito sentir que no lo he perdido, no sé que hacer… Y lo peor es que Ethan va a sufrir mucho. Pero en fin, sólo me importa Toya, si tiene que sufrir Ethan que sufra, eso no es lo importante ahora. A veces se me escapan las lágrimas cuando me abraza, pensando en como lo hacía Toya.
21-12-04
¡SIIIIIIIIIIIII! ¡¡Por fin se ha acabado este tormento!! ¡¡¡Volvemos a Japóooooooooon!!! ¡¡¡Volveré con Toya!!! ¡HASTA NUNCA ESPAÑA! ¡Yujúuu!
Cuando Ethan acabó de leer el diario, Yumi se conectó al Messenger.
Ethan_Cube dice:
¿Yumi?
Vampiresa Intrigante dice:
…
”Vampiresa Intrigante” ha cambiado su nick por: “Ai shiteiru, Toya”
“Ai shiteru, Toya” aparece como desconectado, es posible que le haya retirado la admisión.
















Esta bien chilo este cuento! tu lo escribiste??? o lo bajaste de la red?? Saludos Bogarin….
Comment by EstrellaFugaz — December 2, 2008 @ 7:35 am
Hola! He encontrado esto por casualidad poniendo mi nombre en Google, me ha hecho mucha ilusión de veras. Si quieres que sigamos en contacto podemos intercambiar datos, un abrazo y feliz navidad.
Comment by Enol — December 29, 2008 @ 6:04 pm